Berta Torres

¡Hola! Soy la Hna. Berta Torres Martínez. Hoy quiero compartir contigo, a grandes rasgos, mi experiencia vocacional.

Nací en San Luís Potosí en donde viví hasta entrar a la Congregación cuando tenía 23 años de edad.  Desde que era niña decía que cuando fuera grande sería religiosa y este deseo continuó hasta que cumplí 15 años. Al iniciar esta etapa de la juventud, de las ilusiones, me enamoré de un joven, por lo cual, según yo, cambié de opinión: ya no quería ser religiosa, sino casarme y tener muchos hijos; por lo menos deseaba que fueran diez.

Pero como era un llamado, un Don que el Señor me hacía, seguro que solo se adormeció en mí, por un tiempo, este deseo. Viví muy unida a Él y en su presencia, le compartía mis anhelos y deseos, lo buscaba en los sacramentos.

Siempre pertenecí, a grupos del templo que frecuentaba, es una capilla dedicada a San Francisco de Asís. Primero a la edad de 10 años estuve en un coro de niñas, que dirigían unos religiosos, que durante un tiempo estuvieron en nuestro templo. Después a la edad de 16 años ingresé al coro juvenil y al grupo de jóvenes en los que conviví con mujeres y hombres. A veces compartíamos temas de formación humana y cristianas y otras, nos reuníamos para festejar cumpleaños, aniversarios o alguna fecha conmemorativa etc. Pero, fueron para mí, momentos muy felices, sanos y plenos, porque en ellos llevaba a Jesús conmigo, el cual no me impedía divertirme ni se apartaba de mí si esta diversión era sana.

Llegó el momento en que experimente un gran vacío. Y me encontré con otro grupo en el que se trabajaba con un compromiso más serio y profundo, nos preparábamos conociendo más la Sagrada Escritura y sobre todo conocer amar y defender nuestra fe.

En uno de los retiros que asistí fue cuando en lo profundo de mi Corazón experimenté que el Señor me llamaba a consagrarle mi vida. Confieso que aunque para mí era claro y tenía la certeza de este llamado, la verdad fue que sentí miedo, resistencia y quizás hasta enojo ya que en esa época mi Papá tenia 72 años y desde que yo recuerdo fue alcohólico y pensaba que por ser la mas chica y la única que quedaba tenía que hacerme cargo de él, pues además de algún modo ya lo hacía.

Mis hermanos se habían casado y solo me quedaba una Hermana que al año también hizo su vida formando su hogar. Además estaba enamorada, entonces le dije a Jesús: “pero ¿como me pides esto a mí y con estas circunstancias que me permites vivir?”. Así que la verdad no fue fácil, pero en medio de mis resistencias Él seguía seduciéndome.

Un día fastidiada de toda la carga emocional que vivía internamente le dije: “está bien, Jesús, tu ganas, ya estuvo bueno, dime que quieres de mí, si quieres que sea religiosa, ponme los medios, dime como, cuando y donde…” Así que, ni tardo ni perezoso, a los dos meses de tener esta experiencia de llamado en el grupo juvenil nos hicieron la invitación para asistir a un retiro de mujeres en la casa de la Cruz y junto con otra joven levanté la mano sin pensar nada mas.

Cuando llegamos a la comunidad de las Hermanas tuve varias impresiones:

La primera fue la Hna. Carmen Quiñones quien nos abrió la puerta y me dio una lección con su sonrisa plena acogedora y sincera.

La segunda fue unos minutos después que nos pasó a la capilla y apenas puse los pies en ella, me impactó ver a Jesús expuesto en su custodia y en ese momento escuche en mi interior como el Señor respondía a mi pregunta, ¿Dime que es lo que quieres, ponme los medios, dime como …? sentí claro que me decía este es el donde y el como, así que viví mi primera experiencia de Adoración en la que me llenó de gracias y me manifestó muy dulcemente su voluntad.

Al salir del retiro le dije a la Hna. Carmen que cuándo me podía recibir para platicar con ella. Me citó para el miércoles siguiente, cuatro días después del retiro, y ahí le confié mis inquietud vocacional y los obstáculos que yo creía tener.

Así fue como inicie mi proceso vocacional o aspirantado que duró un año. Después hice mi experiencia vocacional viviendo una semana dentro de la clausura de las Hermanas, en la comunidad de Coyoacán, México D.F.. Al terminarla decidí ingresar, siendo mi entrada el 14 de agosto del año 1994.

Durante el año de postulantado me entere en una ocasión que mi Papá a causa de su alcoholismo se había puesto mal. En medio de la preocupación se lo entregue al Señor diciéndole: “Tú fuiste quien me metió en esta y tu sabes como lo arreglas”.

El día 16 de julio de 1995 recibí mi velo como signo de mi paso a la etapa del noviciado. Ese día, el Señor me dio la sorpresa de la visita de mis papás. Además era la primera en la que pudieron verme desde mi ingreso. Ahí, platicando con todos, les expuse mi preocupación por mi papá y les platiqué mi llamado vocacional en el cual le dije a mi papá que era mi mayor preocupación, a lo que respondió enseguida: “Mi hijita si ésta es tu vocación y si tú eres feliz en ella yo no voy a ser el obstáculo para apartarte de tu camino, si tú decides salirte no va a ser por mi culpa, así que yo no te lo prometo pero si me propongo no volver a tomar”.

Y hasta el día de hoy que comparto contigo Dios le ha dado la gracia, la fuerza de voluntad para no hacerlo. ¿Verdad que es impresionante? Sólo Él lo ha hecho todo.

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