Louis Pasteur y las Religiosas de la Cruz

Fernando Torre, msps.

RCSCJ Adoración

Louis Pasteur (1822-1895) fue un químico y bacteriólogo francés cuyos descubrimientos tuvieron enorme importancia en diversos campos de las ciencias naturales, sobre todo en la química y microbiología, como el desarrollo de antibióticos, vacunas, la esterilización y la higiene como métodos efectivos de cura y prevención de las enfermedades infecciosas.

Y ¿qué tiene que ver esto con las Religiosas de la Cruz? Pues que ellas colaboran con Jesucristo en la cura y prevención de la peor de las enfermedades: el pecado. Una enfermedad que abarca a todos los humanos (excepto a Jesús y a la Virgen María), que es contagiosa; una enfermedad que puede ser grave y causar la muerte eterna; una enfermedad que hiere el Corazón de Jesús.

Las Religiosas de la Cruz, con su oración, sacrificio y su vida entregada a Dios, le presentan a Jesucristo a los pecadores –incluidos tú y yo– para que con el antibiótico de su misericordia cure el mal, suscite en ellos la conversión y remedie los efectos del pecado. Así, ellas consuelan el Corazón de Jesús.

Las Religiosas de la Cruz, con su silencio, soledad y clausura, colaboran con Jesucristo en la aplicación de vacunas espirituales, métodos de esterilización y medidas higiénicas para prevenir el mal, evitar que se cometan pecados, inmunizar a quienes quieren vivir cristianamente en este mundo tan contrario a Jesucristo y su Evangelio, y alcanzar gracias preventivas para todas las personas, especialmente para los sacerdotes ministeriales.

En ocasiones escuchamos críticas hacia las religiosas contemplativas: «Habiendo tantas necesidades en la Iglesia, ¡y ellas encerradas, sin hacer nada!» Esto equivale a decir: «Habiendo tantos enfermos que necesitan ayuda, ¡y allí está ese Pasteur encerrado en su laboratorio!»