Laura Linares

Me llamo Laura Linares Romero, soy de Puebla, Pue., soy la número 4 de una familia de 7 hermanos: 2 hombres y 5 mujeres. Yo soy la de en medio. Reconozco que mi caso, fue un caso precoz.

Ya en la primaria pensaba mucho, me gustaba observar la vida, las personas y tratar de entender el porqué y para qué de lo que sucedía. Fue así que estando en sexto de primaria (12 años) había muchas cosas que no entendía y que me parecían injustas. Fui sintiendo un vacío existencial… mis hermanos eran muy inteligentes y brillantes en todos los aspectos: estudios, música, deporte, yo los admiraba muchísimo, pero me daba cuenta que todas esos triunfos no les llenaba el corazón. Que eso no daba la felicidad interna. Entonces yo buscaba algo más.

Pensaba que el vivir solamente para crecer, casarme, tener hijos, ser abuelita… no me llenaba… y que para eso era mejor morirme desde ahorita. O sea sentía un vacío existencial, una decepción de la vida y de las personas… me faltaba algo, algo que le diera sentido a mi vida.

Por entonces a mi hermana mayor la invitaron a un retiro para jóvenes en la casa del retiro, yo le dije que también quería ir, y dijo que no porque estaba muy chica y era para jovencitas… pero al insistir, ella preguntó y dijo que yo estaba más madura que de la edad que tenía. Y entonces sí me aceptaron.

Fui con ilusión… nunca había ido a un retiro. Ese retiro cambió mi vida. Estando en la capilla a oscuras, solamente iluminado el Cristo, me experimenté amada por Dios… no sé puede explicar cómo es… no es que haya escuchado su voz con mi oídos o que haya visto algo extraordinario, pero interiormente fue la sensación, la certeza de la presencia amorosa de Dios que me amaba.

Entonces comprendí que la vida solamente tenía sentido POR EL AMOR. Que sólo el amor da sentido a la existencia. Que vale la pena vivir si experimentas el amor profundo, personal, verdadero de Dios. Y eso fue lo que experimenté, porque ciertamente yo era amada en mi casa, nada me faltaba, lo tenía todo y en abundancia, pero no me bastaba, había en mi corazón un hueco, un vacío, un hoyo profundo, una necesidad de ser amada en profundidad más allá del amor que estaba recibiendo. Que si el mundo lo veía yo antes todo gris, ahora tomaba color, y el amor me lo hacía ver color de rosa.

Entonces pensé que si el amor de Dios era lo único que le daba sentido a la vida, yo quería vivir solamente para El, quería darle mi vida totalmente a Aquel que me amaba tan profundamente… y no a través de intermediarios. Lo quería todo. Entonces nació en mí el deseo de ser religiosa.

Al volver le dije a mi mamá que yo quería ser religiosa, pero tenía 12 años, así que mi mamá me dijo que estaba muy chica que necesitaba crecer y que ya se vería… Yo nunca le volví a decir nada a ella, pero dentro de mí la cosa era muy seria. No era un sentimiento pasajero, era una certeza de vida, quería vivir para El que me amaba tanto.

Entonces entré a la secundaria y ese deseo siempre estuvo muy presente en lo íntimo de mi corazón, yo sabía que ya tenía dueño y que los demás no podían ofrecerme el amor que yo necesitaba. No que no me gustaran, sí y no faltaban pretendientes, pero siempre buscaba yo “algo más”.

Estando en segundo de secundaria, mi hermana mayor compró unos libros en la Librería San Pablo, pero los quedó debiendo, entonces me enseñó uno que eran “las revelaciones de Santa Margarita María” sobre el Sagrado Corazón y me dijo que si me gustaba que la ayudara a pagarlo, entonces yo le dije que sí y le ayudé. Y lo leí primero…

Entonces me encontré con algo que no había pensado. Allí le decía el Sagrado Corazón de Jesús a esta santa que “sufría porque amaba a los hombres y no era correspondido”, decía “el Amor no es amado”. Esto me caló profundamente porque yo le había encontrado a la vida acogiendo el amor infinito de Dios y no podía entender cómo es que Él también sufría por nuestro amor. Y entonces en lo profundo de mi corazón le dije: “Jesús yo quiero amarte, yo quiero consolar tu corazón”.

Pero luego pensé que eso era imposible, que cómo una persona humana tan pequeña podría consolar el corazón de todo un Dios.

Yo me acordaba que mi mamá contaba que cuando yo era chiquita y tenia como 5 añitos o algo así, se murió una tía muy querida de mi mamá y fueron al entierro, al regresar a la casa, yo le salí al encuentro y vi a mi mamá llorando… eso me dolió mucho y la abracé y le dije: “mamá, no llores, si yo te quiero mucho”.  Yo no podía entender el dolor de mi mamá, pero creía que mi amor podía consolar su corazón. Entonces ahora pensaba que tal vez con mi amor podría consolar su corazón. Y esto lo guarde en mi corazón.

Salí de la secundaria y era el momento de tomar decisiones, yo seguía queriendo ser de Jesús, pertenecerle… pero seguía estando chica 15 años, pero yo sentía que ya había esperado mucho, y luego decía: “yo qué culpa tengo de haberme dado cuenta tan chica”… y también “a Dios hay que darle la carne, no los pellejos”…  en fin.

Entonces comencé a pensar para tomar la decisión. Lloraba en la noche y mi hermana mayor me decía: ¿por qué lloras? Y yo le decía “que porque no sabía cuál era mi vocación”… o sea me entraba miedo, duda, temor. Ella me decía que en vez de llorar rezara a Dios para que me iluminara. Y así lo hice.

Luego me acordé que mi papá decía que para elegir una profesión nos ayudáramos de la imaginación, que nos imagináramos ya siendo aquello o haciendo tal o cual cosa y viéramos en cual nos sentíamos mejor. Entonces yo lo apliqué a lo vocacional, me imaginaba casada con hijos, luego de monjita rezando, de misionera, dando clases, luego soltera, en fin, todo lo que se me ocurría. Y me sucedía que cuando me imaginaba de monjita sentía que un impulso interno de que allí, que allí era mi lugar… Yo más bien había pensado ser misionera porque estaba en grupos apostólicos de misiones y conocía varias religiosas de esas… pero fue chistoso que al visualizarme mentalmente veía que no, que en mi corazón había “algo que no” y cuando me veía cerca de Jesús entonces mi corazón decía “sí, esto, esto”…

Entonces fue a la catedral y pregunté en las oficinas qué religiosas existían en Puebla y quería saber a qué se dedicaban. Me mandaron a una oficina donde me dijeron que estaba un directorio con las direcciones y teléfonos pero que tenía que ir a preguntar a cada una… y eran muchas!!

Entonces copié solamente las que tenía en su nombre algo del “Sagrado Corazón de Jesús”…. Y encontré como 5 congregaciones. Pero unas eran de vida apostólica y otras de vida contemplativa.

Y como en mi imaginación sentía la atracción por las que se dedicaban a la oración (contemplativas) entonces fui a visitar a las primeras de la lista de las contemplativas que ya sólo eran 2.

Un día me fui de mi casa sin decir a donde iba, yo no quería que nadie supiera, porque quería que la decisión fuera mía y de nadie más. Yo decía a mi mamá le va a dar gusto y me sentiré comprometida y a mi papá le va a dar disgusto y no me va a dejar… así que mejor lo hice todo a escondidas.

Fui al convento, platiqué con una monjita y en la plática ella me dijo que se dedicaban a “consolar el Corazón de Jesús”  cómo????? Eso se puede???? Sí, esa es nuestra misión… entonces yo pensé por dentro: ESTO LO INVENTÓ DIOS PARA MI, esto es lo que yo quería desde hace años pero pensaba que no se podía… Ellas me dijeron que fuera a visitar otras para que conociera y eligiera, pero yo ya conocía a varias, claro que de vida activa, pero no, yo quería esas.

Como estaba tan chica pues me pusieron muchos peros… pero el Señor en mi interior me dijo que si El me quería allí, El me ayudaría para que me aceptaran… que si entraba era por El y para El y no tanto para las monjitas… así que con esa confianza comencé mi proceso de discernimiento vocacional con las Religiosas de la Cruz del Sagrado Corazón de Jesús.

Ellas me pidieron que durante un año fuera cada 8 días a visitarlas para conocerme y conocerlas y poder discernir si realmente tenía vocación o eran otros motivos los que me movían a ir como el huir, alguna decepción, etc. etc. eso que casi todos piensan que estamos aquí porque no teníamos posibilidades.

Y bueno, fue un año, y durante ese año conocí a varios muchachos que se me atravesaron y que querían un compromiso en serio, eso fue bueno porque entonces pude elegir y pensar bien si quería o no quería.

Pero también difícil, porque el corazón se enamora y ya no ve con mucha claridad… y luego sufre. Yo sufría porque empezaban a luchar en mi corazón dos amores: el de Jesús y el del muchacho.

Salimos muchas, muchas veces juntos, era un muchacho muy cristiano y eso me gustaba.

Al final tuve que hacer la decisión y optar, y preferí elegir el amor de tantos años.

Decía como Santa Inés: “sería una injuria para mi esposo (Jesús) esperar a ver si me gusta otro, EL ME ESCOGIÓ PRIMERO, EL ME TENDRÁ”

Entonces yo se lo dije a El y El sufrió… me dijo que había hecho todo lo posible y hasta imposible por conquistarme, pero que ya veía que no le podía ganar a Dios…

Bueno, podría contarte mil detalles más, pero esto sería casi un libro.

Te diré que entré y cuando entré sentí la certeza de que este era mi lugar y dije: qué bueno que entré otro poco y me quedo con aquel muchacho y me hubiera arrepentido toda la vida.

Tenía 17 años cuando entré. Tengo 24 años de haber entrado y Dios ha ido haciendo maravillas dentro de mí. Me ha ido ayudando a crecer humana y espiritualmente, como mujer y como persona. Realmente he sido muy feliz y lo soy ahora, por eso sigo aquí. Porque no tengo con qué pagar los ratos de intimidad que puedo tener con El.

Lo que llena mi corazón y lo plenifica, es el amor de Jesús que sigo experimentando. Es como un imán para mi corazón que no deja que me aparte de El.

Como tú sabes nosotras hacemos adoración eucarística día y noche, todos los días… esos son los momentos en que dialogamos con El, compartimos la vida con El. Jesús Eucaristía nos “hipnotiza” (por así decir) para que seamos felices ESTANDO CON EL, ACOMPAÑÁNDOLO.

Y otra cosa que me gusta es que ofrecemos nuestra vida por la santificación de los sacerdotes. Nuestro lema es : Por ellos me consagro.  Es decir por ellos, por los sacerdotes para que sean santos y ese sea un consuelo para el corazón de Jesús.

 

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